El Último en Olvidarte

Hoy toca hablar de Ulises.

No por La Odisea de Nolan.

Que aún no la he visto.

Sino por un cuadro que no consigo quitarme de la cabeza.

Ulysses and Argus.

Pintado por Briton Rivière en 1871 .

A primera vista no te dice gran cosa.

Un viejo vagabundo observa a un perro aún más viejo

agotado

en los últimos momentos de su vida.

Los brazos cruzados del hombre

y las costillas marcadas del animal

esconden una historia devastadora.

Triste.

Cruel.

Ese vagabundo es Ulises.

El rey de Ítaca.

Después de más de veinte años de guerra y de viaje,

tiene que entrar en su propio reino disfrazado para no ser asesinado.

Nadie le reconoce.

Su pueblo que una vez le amó,

se ha olvidado de él.

Sus sirvientes también.

Ni siquiera Penélope, su mujer, es capaz de ver más allá de la apariencia.

Todos le dan la espalda.

Todos, menos uno.

Argos.

Su viejo perro.

Que sí sabe quién es.

No le reconoce por sus ropas.

Ni por su cara.

Ni por sus gestos.

Le basta una mirada para saber que su amo ha vuelto a casa.

Pero Ulises no puede abrazarlo.

No puede acariciarlo.

Tampoco despedirse de él.

La función debe continuar.

El cuadro refleja la última mirada de Argos a su amo.

Justo antes de morir.

En paz.

Su misión ha terminado.

La imagen es desgarradora.

Un amor que no tiene el final que se merece.

Pero que también recuerda que el verdadero amor quizá no consista en no irse.

Quizá consiste, simplemente, en ser el último en olvidarte.

Ojalá encuentres ese amor en tu vida.

Y ojalá que tú tampoco te canses nunca de recordar.

Te leo.

Iñaki Arcocha

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