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Kalokagathía
Cuando la belleza conoce a la nobleza
¿Conoces a Platón?
Seguro que sí.
Al menos, sabes que es un filósofo griego muy famoso.
Socrates, Platón y Aristóteles.
El tridente de ataque de la antigüedad.
Lo que dudo mucho que sepas es que Platón no era su nombre, sino su apodo.
En realidad se llamaba Aristócles.
¿De dónde viene entonces lo de Platón?
De Plato, que en griego significa “ancho”.
Se lo puso su profesor de lucha.
Por sus hombros gigantes y su imponente fortaleza física.
Platón estaba cachas al cuadrado.
Mamadísimo, que dirían mis amigos mexicanos.
Antes de convertirse en uno de los filósofos más influyentes de la historia,
ya era un atleta y luchador de primer nivel.
Y con una mala gaita interesante, debo decir.
Una vez, discutiendo con un oponente que utilizaba una retórica elegante pero vacía,
Platón hizo algo muy poco propio de un pensador.
Se arrancó la túnica con las dos manos.
Mostrar su cuerpo esculpido en piedra no era un acto de vanidad.
Era un acto de coherencia.
De firmeza.
El mensaje era claro:
Mis argumentos están respaldados por mi disciplina.
Los tuyos son puro humo.
No hizo falta que dijera nada más.
El debate había terminado.
Kalokagathia.
Esa es la idea de la Antigua Grecia que subyace detrás de todo esto.
La unión de la belleza física y la nobleza moral.
Hasta nosotros ha llegado como el mens sana in corpore sano.
Otro filósofo griego, Epicteto, lo resumió a la perfección:
No expliques tu filosofía. Encárnala.
No expliques lo bueno que eres.
Sé bueno.
No expliques todo lo que haces.
Hazlo.
No expliques lo mucho que te esfuerzas.
Muéstralo.
Nos pasamos la vida buscando validación externa.
Y, si buscas un juicio, te aseguro que lo encontrarás.
Sólo que quizá no te guste el resultado.
Al final, todo se resume en algo que ya sabes.
Deja que tus actos hablen por ti.
Deja de preocuparte porque los demás reconozcan tu trabajo.
Concéntrate más en lo que depende de ti.
Déjales hablar.
Tú estás demasiado ocupado actuando.
Haz que tus actos hablen tan algo que no dejen escuchar a tus palabras.
Que nadie se fije en lo que dices…
porque están demasiado ocupados admirando lo que haces.
Te leo.
Iñaki Arcocha
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