Lo fácil es la recta

Para mí fue el más grande.

El que me hizo amar esa disciplina.

Aunque hace ya muchos años que no la siga.

Ha cambiado.

Demasiado.

Más segura, sin duda.

También mucho más aburrida.

Todo cambió en el Gran Premio de Imola de 1994.

Doce años sin una muerte en la Fórmula 1.

Aquel fin de semana hubo dos.

La primera durante la jornada de clasificación del sábado.

Roland Ratzenberger perdió un alerón y se estrelló a más de 300 km/h contra el muro.

Las imágenes de su casco ensangrentado aún anidan en mi memoria.

El mundo de la Fórmula 1 se conmocionó.

Y a pesar de todo, el Gran Premio siguió adelante.

El espectáculo nunca puede parar.

Al día siguiente se repitió la tragedia.

Con el mejor de todos los tiempos:

Ayrton Senna.

Acababa de llegar a Williams.

Había conseguido la pole en las dos primeras carreras de la temporada.

Y no había terminado ninguna.

En Imola volvió a conseguir la pole.

Pocos saben que llevaba en su monoplaza una bandera de Austria en honor a Ratzenberger.

Él tampoco sabía que horas después se reuniría con él en el Cielo de los pilotos.

La curva Tamburello fue su final.

Las imágenes intentando reanimarlo sobre el asfalto

y su posterior traslado en helicóptero

también dieron la vuelta al mundo.

Dos accidentes que cambiaron la historia del deporte para siempre.

Hay una frase atribuida a Senna que me encanta:

Las carreras se ganan en las curvas.

En las rectas todos aceleran.

Con independencia de lo que le pasó a él,

es una gran verdad.

Cuando todo te viene de cara,

es muy fácil acelerar.

Cuando vas cuesta abajo,

a nadie le cuesta correr.

Cuando existe reconocimiento,

el camino se abre ante ti.

Pero todo cambia cuando la carretera se empina,

cuando nada te sale bien

y cuando nadie te da un abrazo para animarte.

Ahí es donde entra en juego la disciplina,

la constancia

y tu capacidad para afrontar la incertidumbre.

Es la línea que separa al hombre común del hombre extraordinario.

Es la línea que diferencia a los que lo quieren de verdad

de los que simplemente dicen que lo quieren.

No hay más.

No es talento.

No es suerte.

No es estar en el sitio adecuado en el momento adecuado.

Es la manera en la que forjas tu carácter.

Es la manera en la que te preparas

e incluso ansías,

que lleguen las curvas en tu camino.

Porque entonces

y sólo entonces,

descubrirás de lo que eres capaz.

Sabrás de qué estás hecho

y si tu pasión

está al mismo nivel que tu ambición.

Ojalá te lleguen tantas curvas como sean necesarias

para que puedas descubrirlo.

Te leo.

Iñaki Arcocha

📖 Mi libro: Todo lo que te he contado.
👉 Cómpralo aquí

🔹 No lo leerás en ninguna otra parte.

📩 Suscríbete a mi newsletter para no perderte ninguna historia:
👉 Suscribirme aquí

P.D.: ¿Sigues ahí? Eso es que te ha gustado... Compártela con quien tú sabes. Sí, con todos ellos.

P.D.2.: ¿Te preocupa algo en especial? Escríbeme, y la próxima vez hablaré de ello. Así podrás presumir de que fue idea tuya.