Sólo Hay Una

No la desperdicies

Muy difícil no emocionarse.

Casi imposible no llorar.

Empatizas desde el segundo uno.

Y sólo tienes ganas de abrazarle y acompañarle en el sentimiento.

Se trataba de una programa sobre San Valentín en una televisión Argentina.

La presentadora, a pie de calle, preguntaba a la gente con quién les gustaría pasar el día de los enamorados.

Y este caballero de 62 años nos dio una lección a todos:

Con la que yo quiero… ya no está.

Pero, para mí, sigue estando.

Me dejó hace tres años, pero hablo con ella todos los días.

Me acuesto dándole las buenas noches

y me despierto conversando con ella y deseándole un buen día.

Fueron cuarenta años de casado.

Se fue hace tres, pero yo la sigo sintiendo.

Cada día.

Cada momento.

Volvería a revivir todo otra vez.

Los buenos momentos.

Los malos.

Y los normales.

Incluso el cáncer que se la llevó.

Nada es igual sin ella.

Pero sigo viviendo con alegría, porque es lo que ella hubiera querido.

Lo más increíble es que lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

La entrevistadora, con los ojos llorosos y la voz entrecortada.

Y era él el que la consolaba con la mirada y con el tono de su voz.

Quizás tú conoces una mejor definición del amor.

Yo, desde luego que no.

Quizás crees que es iluso pensar que todos podemos alcanzar ese nivel de conexión.

Yo discrepo absolutamente.

No sólo porque es lo que ya vivo todos los días,

sino porque estoy convencido

-completamente seguro-

de que nadie debe conformarse con menos.

Vida sólo hay una.

Y pasa o muy rápido…..o muy despacio.

En tus manos queda con quién quieres pasar el resto de tu vida.

Y lo que quieres sentir -o hacer sentir-, cuando suceda lo inevitable.

Sonreír con los recuerdos.

O llorar por lo que no fue.

Te leo.

Iñaki Arcocha

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