Te Debo UNa

Y siempre pago mis deudas

Me acuerdo perfectamente.

Como si fuera hoy.

Recuerdo el cuándo.

Recuerdo el dónde.

Recuerdo el por qué.

Y me sigue avergonzando.

Siempre he sido una persona generosa.

MUY generosa.

No tengo mérito alguno en ello.

Nací así.

Lo soy ahora que me va bien.

Y lo he sido cuando no me iba tan bien.

Incluido el tiempo en el que mi cuenta estaba siempre en -500 euros antes del día 15 de cada mes.

Historia para otro día.

Porque la generosidad no tiene que ver sólo con el dinero.

Ni con el que tienes ni con el que das.

Tiene que ver con tu actitud ante la vida y ante los demás.

Se puede ser generoso con tu tiempo.

Con tu experiencia.

Con tu comprensión.

Y eso, a veces, es mucho más valioso que el vil metal.

Pero no soy perfecto.

Dios lo sabe.

Mis amigos y mi familia, también.

Así que, de vez en en cuando,

la mentalidad de pobre me gana la partida,

y caigo en el roñismo.

Aquella, fue una de esas veces.

Un amigo,

del alma,

además,

me pidió que le comprara una cachimba en Marruecos.

Yo iba de vacaciones unos días y no me costaba nada traerle una.

No recuerdo lo que me costó.

¿15 euros?

¿20?

¿25?

Imposible que fuera más que eso.

A mi regreso -en aquella época yo vivía en Madrid-

se la di en mi primera subida a Bilbao.

No tengo ahora, pero te doy la pasta antes de que te vayas.

Podría haber dejado ahí.

Debería haber dejado ahí.

Le iba a ver muchas veces en los próximos meses.

Y eran sólo 15 euros.

O 20.

O 25.

Tanto da.

Pero no.

Le llamé el domingo antes de volver a Madrid

y le pedí que me los diera.

Le hice bajar de casa solo para eso.

Para darme el dinero.

Y verme marchar en mi coche rumbo a casa.

Rumbo al remordimiento.

Rumbo a la decepción.

Mi colega nunca le dio demasiada importancia.

Probablemente lo haya olvidado.

Yo no.

Nunca.

Y me alegro de que sea así.

Me recuerda que nunca hay que bajar la guardia.

Que nunca hay que confiarse.

Que siempre se puede mejorar.

Mucho más valioso que tener tus trofeos a la vista

es tener tus derrotas frescas en el recuerdo.

No las uses para torturarte.

Úsalas para mejorar.

Toñi.

Te debo la mejor cachimba fabricada por el hombre.

Esta vez, corre de mi cuenta.

Te leo.

Iñaki Arcocha

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